viernes, 20 de marzo de 2015
domingo, 15 de marzo de 2015
SINAMOR
Yo ya no puedo hablar del terror. El terror llegó, un seis de mayo, en la madrugada, cuando me desperté junto a ti, mojado de tu sudor, aunque nunca dormimos juntos y yo no soy tan líquido como vos. No estabas. Pero sí, era tu sonrisa, era nuestro ensueño. El amor no fue real. No fue duradero. No sostuvo ni contuvo ni resistió. No hubo guerras ni batallas ni treguas, solo terror.
Vos eras Gonza, el que goza, y yo no tenía más placer (duelo, duelo) en mis manos, en el cuerpo destartalado que operaron a mis dieciséis (el mismo que trabajé con rigor en el gimnasio previo a que me conocieras), ese cuerpo robótico que filmé para vos, los bailes que te coreografié, los regalos, cortar.
NO AMOR
Jugábamos a decirnos “es más”, “es menos”, “¿cuántas personas hay en el mundo?”, “¿cuántos tipos de personas hay?”. Vos, enseguida, “son seis” y yo, “son doce”. La noche anterior me habías llamado, puse mi celular sobre mi pecho y rumiaste hasta que me dormí. Debí anticiparlo, sos una mugre.
Un polvo, de los que se esfuman, traicionero, vivaz, facilongo, demasía. Antes de que Santo Tomás dijera son siete los pecados, eran ocho. Gula y ebriedad, gastrimargia, entre los deseos de poseer que son también los de philarguria, amor al oro, avaricia, porneia es lujuria, kenodoxia es vanagloria y los de carencias, que son ira, orgé, violencia, cólera, incluso la tristeza que los griegos llaman lupé, la pereza, “acedia” o depresión y el orgullo, uperéphania.
Ya tiré el YES que me dibujaste, ya tiré la ciudad que me dibujaste, rompí cada cuadrante, corté en la horizontal y en la vertical, con las manos. Te había construido un marco de lana, tejido de hebras violetas, como dos pulseras elásticas que lo abrazaban, esas me las quedé. El resto, al tacho.
La última buena charla que tuvimos, ¿te acordás? Me dijiste que tenías llagas, que no podías venir porque no me querías contagiar. También nombraste a tus tres perros, además de los dos gatos de los que ya me habías contado. Me asombré. “¿Tres perros?” “Sí”, me respondiste, “porque la gente habla primero de los perros que de los gatos”, y ¿vos quisiste hacer lo opuesto? No hiciste lo opuesto, sos mentira.
Entonces, fui y me hice el análisis de VIH y a las dos de la tarde, mi sobrino (el único, Tuts, el adolescente) estaba almorzando conmigo, mi madre y el novio de ella, y sonó el celular (porque no te quería lastimar, porque no me gusta ni disfruto la mentira) ¿Sebastián Agrolfo, usted vino a hacerse un análisis de VIH hoy de mañana, no? Necesitamos que vuelva mañana. ¿Sabe lo que eso significa? Que sí, que colgué, les dije a todos que iba al muere, pero no terminó ahí, yo estaba asustadísimo. Te lo conté.
No sabía lo que eso significaba. Te lo dije también a vos, y huiste, y unos días después, cuando yo ya no estaba, cuando yo ya había muerto, te llamé desde el laberinto de torres en el norte, (era el cumple de la hija de mi empleada, y me fui llorando, porque no llamabas y habían pasado cuatro días), al norte de la avenida España, en los barrios pujantes pobres, los hombres ebrios y sucios y pendencieros me miraban (yo tenía el rostro sin mueca, los ojos idos), y me dijiste que no podías, y me eliminaste de todos lados. Pero claro, yo ya estaba muerto.
El terror también vino en la Universidad. No salvé la materia, ya tengo veintisiete años, decidí que no me voy a graduar. No puedo dar más tiempo, intentos, frustración, astucia, ardid. Quiero otra cosa. En la Universidad, les encanta la tortura. También, el terrorismo. No es siquiera la nota, es el juego destructivo de hacerte doler de a poco. Te sacan las ganas de ser.
El otro día me quedé encerrado fuera de casa. Fui al muelle Boreal, y me recosté, porque había perdido la llave. Mi hogar era lejísimos, mi cuerpo robótico, esquelético, en el piso de granito de la escollera, ya no temblaba. Mis ojos tampoco, porque no había ruido, ni ciudad, solo roca inmóvil en el camino estelar. Los resultados del análisis, tampoco me los dieron. No sé si estoy enfermo, si soy viral, si viralizo. No preciso saber. Vos te fuiste.
El terror vino también cuando amenazaron a mi vieja, pero eso ya es otra historia. Vivir no es una cosa dorada, para vivir hay que ser más frágil, menos gordo, menos alto, más audaz.
Tuts se molestó muchísimo cuando llamé a mi viejo después de que Salud Pública incautó mis análisis. Ya hace dos semanas que vivo en la incertidumbre. Ya hizo. Lo llamé y le dije “viejo, nunca más, nunca más hables mal de mi hermana, ni me pidas nada, que no me acueste con tantos tipos, que no sea ni te disguste, nunca más, ni te me acerques”. Después, una semana más tarde (ahí fue que reventé mi celular contra el piso y morí), fui hasta su casa y le escribí “estoy abajo, necesito tres mil quinientos pesos para el dentista”. Y me dijo que estaba lejísimos, y que no me podía ayudar. Le dije “voy a vos, podés sí, ayudame”, no contestó.
Lo primero que hice al volver a casa (al dentista le debo tres mil pesos, pero los dientes que a mi viejo se le caían por no limpiarlos, a mí me quedaron hermosos) fue abrir la Tablet que él me había regalado para mi cumple. Mi viejo, hace seis meses. No la había podido tocar (me trató de malagradecido en aquel momento).
No te había contado nada de esto, Gonza, pero mi viejo es un tipo traicionero. Me hice una paja mirando porno en la Tablet, desde el cuarto de huéspedes (están pintando el mío), pensando en el terror. El terror me abrazó, me lecheé apenas, te fuiste y no volviste, ni en Facebook, ni en insta-nada, ni en tu celeridad.
CAMILO GANDOLFO MARZO 2015
miércoles, 11 de marzo de 2015
atake
je suis charlie
ATAKE TERRORISTA
1. Je suis Charlie.
Estoy esperando a que Ben me llame, en eso quedamos. Vamos a vernos en la calle, a pasear, nada inocente. Intuyo que habrá una facilidad tremenda para que se concrete. Igual, y obvio, va a salir mal. Pero, suena el celular y me pasa una dirección, y voy para enterrar el mal agüero.
Es hermoso. Es lo único que aseguro y que anticipo. Sé, cuando lo veo, que es incluso más hermoso de lo que imagino. Asumo rápido que es la clase de hombre que me va a olvidar al rato a pesar de que yo quede pendiente. Imagino que quizás esté demasiado atento a su cuerpo, capaz que ni siquiera me usa, capaz que no puede tener sentimientos incómodos. Soy un tipo exigente. Lania me mostró eso. Lania me mostró que si lo pensás cuatro veces, nunca va a funcionar.
Me encontré bailando en la luz, bailaba sin prejuicios, y me desperté. La luz era húmeda, me salpicaba. Vi las persianas, cerradas, la sombra que proyectan. Recordé qué día es hoy. No voy a hablar del atentado del Bufón, ya sucedió, acabo de almorzar. La mañana está hermosa en París, ya pasó. Si me concentro, siento aún la tipografía de las cartas del Bufón. Eran en Times New Roman. Qué hijo de puta.
No asumo tanto, porque cuando veo a Ben, a pesar de todo, idéntico a como me lo imaginaba (más bello, más amable), lo abrazo al instante, lo abrazo casi enseguida, le doy un beso y le digo “hola”.
Atravieso Montevideo a pie. Yo sé que sus errores son tremendos, no voy a perdonarlo y no estoy dispuesto a recordar al Bufón. Todo eso pasó, la carta, la manipulación, el acoso y volver a casa a mirarme el pito que estará igual, y también yo, derrotado.
Ben se ve hermoso y ya está adentro de mí. Voy a embarrarla. Sé que la voy a embarrar. No quiero volver nunca a los días del terrorismo del Bufón.
2. Un golpe es un abrazo.
Fuimos felices mismo si te acostaste con medio Montevideo y empecé a recibir amenazas de muerte de ya sabés quién. Maldito Bufón, decía que había encontrado una forma de achicarme el pito. ¡A mí, de entre todos los parisinos! Con hormonas de crecimiento. Sospecho que era uno de tus anteriores amantes. Aunque quizás, vos fueras el verdadero enemigo del Bufón. Cogiste con demasiada gente, Ben. No importa.
Entonces, la perra se enfermó de meter la boca en la lata de purpurina y me tuve que acostumbrar a cuidarla por las noches, porque a vos ni en pedo te dejaba con la perra. (Juana es nuestra perra, aunque vos le decís Jeanne, por Juana de Arco, la que ardió en la hoguera. Siempre fuiste más de los gatos). Las margaritas del jardín se marchitaron de tanto que les caminaste encima mientras puteabas porque Juana, otra vez, te había mordido tu colección (de viejos palos de golf de tu viejo, mini-fortuna). Todo iba bien con vos. Maldito Bufón, yo creo que se quería apoderar de nuestra relación.
Finalmente, le respondí. Me dijo que nos los encontráramos en Punta Colorada y que nos iba a garcar. Qué significa, no lo sé. Lo dejé plantado para romperle las bolas. Entonces, llegó en un sobre una jeringa con hormonas y me acobardé.
Lania me enseñó a hackear computadoras y, después de bajar mucha porno, mucha, me di cuenta de que podía ser la herramienta para hacerme rico y terminar con las amenazas del Bufón (aunque me había encariñado, nadie me odia tanto como él). El bufón me había hackeado por supuesto. Larga historia.
A través de las redes sociales, determiné un aproximado de su domicilio y ubiqué a su tía, que a pesar de loca, me habló mucho de él, de su infancia, de su obsesión por achicar pitos. Me contó que frecuentaba un pub donde se hacen apuestas jodidas y se trafica con partes del cuerpo. Sí. De las distintas partes, químicamente organizadas, conseguía las hormonas. En realidad… las fabricaba él.
Yo estaba aterrado pero sabía que tenía que enfrentarlo. Además, vos ya habías traído a uno de tus gatos a vivir a casa (meaba para cualquier lado, un asco siempre el baño) y yo me lo bancaba porque era bueno con Juana y vos decías “un gato nunca, nunca, (muchas veces, así) nunca renuncia a su dueño. Nos vimos con el Bufón, un par de veces. Me pegó varias inyecciones, pero yo ya había alterado los archivos de su iMac. El tonto del Bufón guardaba copias de las recetas químicas en su computadora personal. Tan tonto… Luego, claro, brutas pajas con necrofilia. Era distraído el bufón, se me hace un tipo narcisista ahora que lo conozco. Nada excepcional.
3. Into the Woods (epílogo)
Ben, descalzo y sin remera. Te miro con tremenda envidia. Todo esto fue allá por los tiempos en que terminaban los ataques globales. Divagamos, entre keyloggers y antivirus y nos vamos de tema, hacia la gravedad, el punto G del universo, el silencio. Somos Ben, yo, Juana y Gato por la carretera. Después, el primer hijo, claro.
Declina todo, el sol, facebook, el chat. Y vos seguís con la remera atada a la cintura, cortándote las uñas y contándome cosas del misterio del Bufón, que nos fascina. Descalzo, conmigo. Desazón y... te miro y se esfuma todo, entre la ternura, al olvido.
Hoy estoy zen. “Soy un panóptico, perfecto”, le escribo a Lania, que es más genial que genial, y hoy defiende y asesora a las compañías top de seguridad en internet. Todo el esfuerzo puede ser inútil. Hay tanto azar de por medio. Ella, mi amiga, trabaja duro. Lo sé, porque la he visto cuando se concentra. Con ella, yo me sentaba y hackeábamos. Lania me mostró que si lo pensás cuatro veces, nunca va a funcionar.
Ben apareció un día, en mi vida, sin que yo lo esperara. Nos estamos conociendo. Siento que él me da cariño como nadie más. Creo que apenas nos conocemos y creo que me ha dado vida, como nunca. Suelo tener un detector de mentiras muy estricto conmigo mismo. No banco ocultarme cosas. Y Ben, él es un gran tipo. Además, mide 1.83, baila, es grande, es más grande que yo.
CAMILO GANDOLFO, MARZO 2015
jueves, 31 de julio de 2014
Todos los días
DIARIO del taller
24 de julio – Es difícil llegarte. Ya es la tercera vez que te llamo y siempre tenés una excusa, otro plan. Pensé en recauchutar un texto viejo para el próximo taller. “Pasión por el DJ” es un buen candidato, aunque la ejecución de la idea original nunca me convenció para nada. Temo que Canalda me reproche si hago trampa. Ella siempre descubre mis astucias, es una fiel seguidora de consignas.
25 de julio – Me siento derrotado. Esto no tenía que pasar.
26 de julio – Premisa para una ficción. “El artículo que escribí sobre las fantasías de las mujeres casadas estaba causando furor en las redes sociales. Las preguntas y las consultas de desconocidos saturaban mi casilla de correo. Se me citaba y se compartían mis especulaciones, que fueron adquiriendo el porte de hechos incontestables”. Un relato en la era del blog, no puedo pensar en desarrollar esto ahora. Me pongo a chatear.
27 de julio – Es raro, de a ratos me olvido de lo de montaje o pienso "bueno, ya está" pero tengo la impresión de que mi cuerpo o mi mente está herido en un lugar profundo. Estoy muy apático a pesar de los intentos de reanimación.
27 de julio (continuación) – No te voy a escribir más. No es difícil llegarte, es imposible. Era muy claro y me lo suponía, desde que pospusiste aquello, ahí fue el fin.
28 de julio – Pensé en otra premisa para una ficción. No creo poder ejecutarla tampoco. Me atrajo su exotismo. “Los Afrikans me conmueven, con sus abdómenes henchidos, sus danzas fúnebres y festines, sus perforaciones grandes, dolorosas e inauditas. Son un pueblo indómito. Los fotografío desde hace dos décadas”.
28 de julio (continuación) – Tengo la impresión de que estoy herido en un lugar profundo, insondable. Mi cuerpo es plegable. Como origami. El bloqueo supremo: no sé cómo llenar sus agujeros. Me aparto del mundo con la consigna de que debo, en mí, encontrar la respuesta. Cierro todas las persianas y apago las distracciones. Me encuentro, sin embargo, con un vacío y un desierto. No hay diálogo con mi interior, ni voz ronca y sigilosa, ni guía. No supura de los intersticios de mi conciencia una sabiduría perfecta y oportuna. Solo un mar, turbio, de deseo informe.
29 de julio – Cuerpo origami y los chicos del chat. Una persona, un perfil. ¿Qué hacés de tu vida? La gente de publicidad es vanidosa y materialista. Prefiero ver tu cuerpo in situ, antes que muestras gráficas parciales. Sos distante porque sabés que estás fuerte. ¿Con cuántos tenes ganas de compartirlo? Contarte mis cosas es el pie para que me hables de vos. ¿Por qué te guardás la información? Despegate de tu arrogancia, nadie es digno.
30 de julio – En el bondi, tuve una sensación rara y sobrecogedora. Todo lo que me rodeaba, en lo próximo, lo lejano y hasta donde yo podía razonar, estaba envuelto en un aura espesa de enorme futilidad. Los sentimientos eran pasajeros, volátiles, los pensamientos, relativos e ilusorios, traicioneros, las cosas concretas como nuestros cuerpos, efímeros. Me di cuenta de que la energía que gastamos en darle sentido a todo era increíble. Pero, al mismo tiempo, sentí que tenía que haber una realidad más estable, donde las cosas eran o no eran. Mejor dicho, eran porque si no eran no se podía ni siquiera concebir que no fueran, eran ignotísimas. Este mundo que imaginaba incorporaba la contradicción de una forma totalmente distinta. La incertidumbre del futuro, basada en la no existencia del presente, en la modificación de lo actual, era simplemente una superposición. Todo existía en armonía. ¿Qué accidente? ¿Qué accidente casual e imprevisible es este? ¿Cómo encontrar respuestas en mí mismo? ¿Cómo elegir? Pensé en cuántas vidas hay en el mundo y pensé que no hay espacio para tantas consciencias. Son como motores ruidosos esparciendo sus miedos y deseos.
31 de julio – Sigo en esta cuestión de las elecciones. ¿No es acaso un poco relativo? Por ejemplo, cuando actuamos en base a un fuerte impulso interno que no elegimos sino que forma parte de lo que somos. Otro ejemplo, las cosas que me gustan. ¿Qué he realmente decidido en mi vida? Estoy odiando el chat. La gente no es constante, no responde, no se compromete.
1 de julio – Es difícil tener amigos cuando ya no precisás estar con ellos para comunicarte. Es difícil tener amigos cuando pasás todo el día en frente a tu computadora.
2 de julio – Estoy hablando con un pibe acerca de comer carne y depredar animales. Le digo que el mundo estaría mejor sin esa matanza, aunque no me exijo dietas específicas. Me dice que el mundo estaría tanto mejor si todos tuviéramos alimento. Le respondo que a pesar de que hay gente que vive sin electricidad, no creo que debamos construir plantas nucleares. Reflexiono y agrego que a veces pensamos que porque las cosas son posibles, hay que hacerlas y serán buenas. Recuerdo el viaje de colonización de la luna, que siempre me pareció un esfuerzo inútil y arriesgado, pero no digo nada al respecto. A esto, termino hablando de la mujer japonesa que mató a su amiga “para saber cómo se sentía”. Me pareció horriblemente genial. Quizás, la única buena respuesta a por qué matar a otra persona: para saber cómo te sentís después.
3 de julio – ¿Cuál es el objetivo de un diario? Mejor dicho, ¿quién, si es que alguien, va a leer esto? Es muy pronto para saberlo. Me limito a seguir.
martes, 22 de octubre de 2013
martes, 15 de octubre de 2013
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